Acerca de nosotros

Me llamo Claudia y soy madre. Y hay un momento de la semana que durante mucho tiempo no le conté a nadie.

Tengo la custodia compartida de mi hijo. Hay semanas en las que la casa está llena: la mochila tirada en la entrada, los dibujos en la nevera, las preguntas a la hora de cenar. Y hay otras en las que no le toca estar conmigo. Esas semanas, al girar la llave y abrir la puerta, no hay nadie. No hay pasos corriendo por el pasillo ni una vocecita preguntándome qué tal el día. Solo silencio.

Sé que está bien. Sé que está con su padre y que le quieren. Pero eso no hace que la cena para una sea menos triste, ni que las noches se hagan menos largas. Esa soledad no se ve desde fuera, pero se siente en el pecho.

Los niños que salen solos del colegio

Hay otra imagen que tampoco me quito de la cabeza. Cuando voy a recoger a mi hijo al colegio, espero en la puerta y veo salir a los niños. La mayoría sale riendo, en grupo, corriendo hacia sus padres. Pero siempre hay alguno que sale el último, con la cabeza baja, sin nadie a su lado. Ese niño que no ha tenido con quién jugar en el recreo. Que no cuenta nada al llegar a casa, pero al que se le nota todo.

Cada vez que los veo pienso lo mismo: ojalá alguien le diera un abrazo ahora mismo.

Así nació Abrazelia

Un peluche no arregla el mundo. No sustituye a un hijo, ni a un amigo, ni a una conversación. Lo sé mejor que nadie. Pero sí puede estar ahí en el momento en que no hay nadie más. Puede ser lo primero que abraces al llegar a una casa vacía, lo que te acompañe en el sofá, lo que te recoja por la noche cuando el día ha pesado demasiado.

Por eso nuestros peluches tienen unos brazos largos y con peso. No quería un peluche para mirar: quería uno que abrazara de verdad. Que al ponértelo sobre los hombros sintieras ese peso suave que se parece tanto a que alguien te rodee con sus brazos y te diga, sin palabras, “estoy aquí”.

Para ti, y para quien lo necesita

Abrazelia es para esas noches en las que la casa está demasiado callada. Para quien vive solo, para quien está lejos de los suyos, para quien acaba un día duro sin nadie a quien abrazar. Y para ese niño, o esa persona, que sabes que lo está pasando mal aunque no lo diga.

Porque todos, alguna vez, necesitamos un abrazo. Y nadie debería sentirse solo.

Con cariño,
Claudia

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